y las cosas cambian
Que me he portado como un capullo, lo sé.
Que el Karma me castiga, también lo sé.
Que sufro cada día, lo sé muy bien.
Cosa extraña esto de la ilusión, llega te llena hasta que sangras por los parpados y después, al menor momento de despiste, la sangre se convierte en dolor.
Cuando te ilusionas, pones toda la carne en el asador, no hay más meta que el seguir con esa ilusión. Todo lo demás no importa, dejas atrás caminos, bosques y luces, porque dan igual. Hasta que subitamente esto se para. La fisica te hace sentir el frenazo y te clavas el cinturón de seguridad en el pecho, si llevabas. Y duele. Duele mucho el frenazo, el batacazo, y yo en situaciones así quiero huir y encontrar otra ilusión, porque me alimento de ilusiones y me deshago con las realidades.
Y así me descubro a mi mismo, de cuncluillas esperando encontrar una solución, volver atrás, intentar reiniciar la máquina, no es posible, no debo hacerlo. El alcohol me embriaga y las drogas me hacen sentir una risa seca, desganada y extremadamente larga, me quedo sin aliento porque la tristeza se lo lleva y donde había paz, ahora hay resaca. Las olas vuelven a llevarse mis alegrias, dejando la playa en blanco. De nuevo.
Y pido perdón, si es que hace falta, a mi ser interior, a la chica de los rizos de Oro, a la gotica que intenta estar triste, a los Hurogallos, al sol que iluminaba el ático mientras llovía, a mí mismo y a mis ideas.
El anochecer que se extiende por mis ilusiones es real, y solo quiero no sentir que no tengo nada, cuando lo tengo todo.